07 enero, 2014

El nuevo orden del tenis mundial: el bueno, el feo y el malo





Como si se tratara de la defensa en ‘pro se’ del Doctor Sheldon Cooper delante del juzgado, la élite tenística de este 2014 parece asentarse sobre un taburete de tres patas. Confinado Roger Federer a un retiro dorado al que anhela resistirse de la mano del penúltimo ‘gentleman’ de la raqueta, el sueco Stefan Edberg; son tres los hombres destinados a dominar el año que empieza, como de costumbre, con un Grand Slam que amenaza con pillar a unos cuantos tenistas todavía inmersos en una acelerada pretemporada de gimnasio con la que paliar excesos en forma de turrón y champagne.

Habrá torneos de sobra para deleitarse con los artistas del segundo escalafón mundial. David Ferrer seguirá empeñado en burlarse de su propio DNI; Juan Martín del Potro tratará de asentarse en esa élite a la que lleva un lustro asomándose de forma intermitente; Tomas Berdych y Jo-Wilfried Tsonga buscarán dar ese salto de calidad que no termina de llegar; Ernests Gulbis querrá demostrar que su resurrección de 2013 es tan solo un aviso…

Podrían contarse por decenas los nombres que salpimentarán la temporada que comienza; y sin embargo, se antoja difícil pensar que los grandes títulos, comenzando por Australia, vayan a parar a manos distintas de las de 2013. Todo lo que no sea ver los trofeos de Grand Slam alzados sobre las cabezas de Rafa Nadal, Novak Djokovic o Andy Murray será una sorpresa mayúscula.

El bueno: Rafa Nadal

El yerno ideal resurgió en 2013 de las cenizas de su rodilla, e hizo hincar la misma a todos sus rivales para finalizar el año en lo más alto del ránking, ventaja que aumentará en las antípodas pase lo que pase. Más adelante comenzará la titánica defensa de puntos que le ocupará prácticamente toda la temporada, con un breve respiro en Wimbledon.

Australia es el único grande en el que no ha repetido título, lo que a la par supone un desafío único y una presión descomunal. Es decir, su hábitat. Una hipotética victoria en Melbourne le abriría el camino del Grand Slam real, de lo poco que le falta. Y las Finals claro. En medio, Roland Garros, evidentemente. París es siempre el mínimo exigible en la hoja de resultados de Rafa. Una barbaridad, sí. Culpa suya que así sea, también.

El feo: Andy Murray

Cerrado el abismo mental de las finales perdidas (ver US Open 2012), y saldada la deuda histórica con el pueblo británico en el último Wimbledon; Murray parecía lanzado al número uno entre un Djokovic titubeante y un Nadal cuya recuperación aún ofrecía dudas. En el mejor momento de su carrera, el escocés vio truncado su momento de inspiración por sus problemas físicos, haciéndose discretamente a un lado en los compases finales de 2013 con un único objetivo en mente: volver todavía más fuerte en 2014.

Suponiendo su estado físico ya a un nivel óptimo, llega a Australia con ganas de ‘vendetta’ por sus tres finales perdidas, y con el bagaje de haber ganado dos de los últimos cuatro grandes que ha disputado, y de haber hecho final en cuatro de los últimos cinco, todo ello sin contar su oro olímpico. Andy ya se cree su tenis, y esa es la peor noticia para sus rivales, conscientes de que tenerle al otro lado de la pista en el partido definitivo ya no significa saltar a ella con medio título en el bolsillo.

El malo: Novak Djokovic

El ‘Djoker’, el antagonista del tenis por antonomasia. No hace prisioneros en pista ni hace amigos fuera de ella, que tampoco le hace falta. Digerido ya aquel dulce empacho de 2011, ha logrado desde entonces una continuidad notable, que gracias a la ausencia de lesiones le ha permitido dominar la clasificación mundial hasta hace bien poco.

Sin embargo, esta regularidad ha conseguido ocultar otro hecho preocupante. De los últimos siete grandes, el serbio solamente ha conquistado uno (Australia 2013). Sus dos principales rivales parecen haberle cogido la medida, al menos al aire libre, y son ya numerosas las ocasiones en las que le han dado con la puerta en las narices cuando se veía a centímetros de aumentar su incipiente leyenda. Si no logra defender el título en su Grand Slam fetiche, Nadal podría abrir una peligrosa brecha de puntos que le dejarían sin margen de error durante todo el año.



Un escocés, un serbio y un español. Una nueva rivalidad a tres bandas que toma forma bajo la atenta mirada de Federer, a quien tampoco conviene descartar por completo. Tres hombres en la edad ideal para la práctica del deporte cuya coexistencia redunda en mágicos momentos de tenis para el deleite de los espectadores.

Hagan acopio de palomitas, a ser posible un cargamento de proporciones industriales; y asegúrense bien de que su sofá no ha perdido la forma de sus posaderas durante este ‘break’ navideño. Esta peli dura un año, y está prohibido apagar la tele.

No hay comentarios:

Publicar un comentario