Como si se tratara de la defensa en ‘pro se’ del Doctor
Sheldon Cooper delante del juzgado, la élite tenística de este 2014 parece
asentarse sobre un taburete de tres patas. Confinado Roger Federer a un retiro
dorado al que anhela resistirse de la mano del penúltimo ‘gentleman’ de la
raqueta, el sueco Stefan Edberg; son tres los hombres destinados a dominar el
año que empieza, como de costumbre, con un Grand Slam que amenaza con pillar a
unos cuantos tenistas todavía inmersos en una acelerada pretemporada de
gimnasio con la que paliar excesos en forma de turrón y champagne.
Habrá torneos de sobra para deleitarse con los artistas del
segundo escalafón mundial. David Ferrer seguirá empeñado en burlarse de su
propio DNI; Juan Martín del Potro tratará de asentarse en esa élite a la que
lleva un lustro asomándose de forma intermitente; Tomas Berdych y Jo-Wilfried
Tsonga buscarán dar ese salto de calidad que no termina de llegar; Ernests
Gulbis querrá demostrar que su resurrección de 2013 es tan solo un aviso…
Podrían contarse por decenas los nombres que salpimentarán
la temporada que comienza; y sin embargo, se antoja difícil pensar que los
grandes títulos, comenzando por Australia, vayan a parar a manos distintas de
las de 2013. Todo lo que no sea ver los trofeos de Grand Slam alzados sobre las
cabezas de Rafa Nadal, Novak Djokovic o Andy Murray será una sorpresa
mayúscula.
El bueno: Rafa Nadal
El yerno ideal resurgió en 2013 de las cenizas de su
rodilla, e hizo hincar la misma a todos sus rivales para finalizar el año en lo
más alto del ránking, ventaja que aumentará en las antípodas pase lo que pase.
Más adelante comenzará la titánica defensa de puntos que le ocupará
prácticamente toda la temporada, con un breve respiro en Wimbledon.
Australia es el único grande en el que no ha repetido
título, lo que a la par supone un desafío único y una presión descomunal. Es
decir, su hábitat. Una hipotética victoria en Melbourne le abriría el camino
del Grand Slam real, de lo poco que le falta. Y las Finals claro. En medio,
Roland Garros, evidentemente. París es siempre el mínimo exigible en la hoja de
resultados de Rafa. Una barbaridad, sí. Culpa suya que así sea, también.
El feo: Andy Murray
Cerrado el abismo mental de las finales perdidas (ver US
Open 2012), y saldada la deuda histórica con el pueblo británico en el último
Wimbledon; Murray parecía lanzado al número uno entre un Djokovic titubeante y
un Nadal cuya recuperación aún ofrecía dudas. En el mejor momento de su
carrera, el escocés vio truncado su momento de inspiración por sus problemas
físicos, haciéndose discretamente a un lado en los compases finales de 2013 con
un único objetivo en mente: volver todavía más fuerte en 2014.
Suponiendo su estado físico ya a un nivel óptimo, llega a
Australia con ganas de ‘vendetta’ por sus tres finales perdidas, y con el
bagaje de haber ganado dos de los últimos cuatro grandes que ha disputado, y de
haber hecho final en cuatro de los últimos cinco, todo ello sin contar su oro
olímpico. Andy ya se cree su tenis, y esa es la peor noticia para sus rivales,
conscientes de que tenerle al otro lado de la pista en el partido definitivo ya
no significa saltar a ella con medio título en el bolsillo.
El malo: Novak Djokovic
El ‘Djoker’, el antagonista del tenis por antonomasia. No
hace prisioneros en pista ni hace amigos fuera de ella, que tampoco le hace
falta. Digerido ya aquel dulce empacho de 2011, ha logrado desde entonces una
continuidad notable, que gracias a la ausencia de lesiones le ha permitido
dominar la clasificación mundial hasta hace bien poco.
Sin embargo, esta regularidad ha conseguido ocultar otro hecho
preocupante. De los últimos siete grandes, el serbio solamente ha conquistado
uno (Australia 2013). Sus dos principales rivales parecen haberle cogido la
medida, al menos al aire libre, y son ya numerosas las ocasiones en las que le
han dado con la puerta en las narices cuando se veía a centímetros de aumentar
su incipiente leyenda. Si no logra defender el título en su Grand Slam fetiche,
Nadal podría abrir una peligrosa brecha de puntos que le dejarían sin margen de
error durante todo el año.
Un escocés, un serbio y un español. Una nueva rivalidad a
tres bandas que toma forma bajo la atenta mirada de Federer, a quien tampoco
conviene descartar por completo. Tres hombres en la edad ideal para la práctica
del deporte cuya coexistencia redunda en mágicos momentos de tenis para el
deleite de los espectadores.
Hagan acopio de palomitas, a ser posible un cargamento de
proporciones industriales; y asegúrense bien de que su sofá no ha perdido la
forma de sus posaderas durante este ‘break’ navideño. Esta peli dura un año, y
está prohibido apagar la tele.


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