07 enero, 2014

La historia de 'The Man' y los Jinetes del Apocalipsis

The Man fusila a sus rivales con un dickazo.
1 de marzo de 1971. Podría parecer un día cualquiera pero no lo es. Ese día, el destino de la humanidad iba a cambiar. Condenados a la desaparición cuando llegue el fin del mundo, desde otro planeta llegaría el salvador de La Tierra y sobre todo el hombre que cambiaría el tenis. Dick Norman, apodado The Man, aterrizaría en Waregem, Bélgica, siendo un bebé dentro de una nave. Con el paso del tiempo, el belga comienza a descubrir sus poderes. Básicamente son todos los que se puedan imaginar. ¿Qué profesión podría tener un héroe así? The Man se decantó por el tenis, pero lejos de arrollar durante su carrera prefirió hacer felices a sus rivales. Nunca perdía sino que cedía amablemente sus partidos.

Además de los individuales, también se atrevió con los dobles para convertir a un perdedor en su compañero ganador. En la calle entre cartones encontró a Wesley Moodie. Le enseñó todo lo que sabe y le hizo probar las mieles del éxito, disputando una final de Roland Garros y las ATP Finals, aunque apenas jugaba. The Man se bastaba para ganar los partidos con sus conocidos dickazos, mientras el sudafricano sentado en su silla tomaba apuntes. Al terminar su aprendizaje, cambió varias veces de pareja para compartir su sabiduría. Dice la leyenda que uno de sus partidos, se encontraba un hombre ciego en la grada. Tras pegar uno de sus dickazos, el invidente recuperó la vista. Fue uno de los tantos y tantos milagros que obró The Man.

The Man siempre con las pelotas en la mano delante de Moodie.
Se retiró del tenis a los 42 años, pero unos años antes, a partir del 2009, The Man quiso formar un equipo a su alrededor de tenistas que le ayudarían a cambiar el tenis y a salvar la humanidad. Se llamarían ‘Los Jinetes del Apocalipsis’. La tarea de selección no fue nada sencilla. Debían ser jugadores que tuvieran ese ‘algo’ que notas al ver a alguien. Un estilo, un nombre y una actitud propia de un Jinete, algo característico que les diferenciara del resto y pudieran predicar y llevar la palabra de The Man a todos los lugares del mundo.

Algunos que el bueno de The Man jinetalizó al principió están ya retirados como Santoro (Santorator) o De Chaunac (L´’Homme), unos han perdido esa condición por diferentes motivos, como Feliciano (¿Hay alguien ahí) o Navarro-Pastor (Paquirrín), y otros continúan siéndolo y se han ganado ya un hueco en su corazón. Y no solo eso, ya que cada año, The Man se dedica a apadrinar a nuevos talentos que dominarán el tenis del futuro si ellos quieren.

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