Escribo estas líneas sin saber si Roger Federer conseguirá
derrotar a Rafa Nadal, favorito a levantar el trofeo del Open de Australia, y sin conocer si el suizo
se llevará su décimo octavo Grand Slam, pero para lo que quiero decir no
importa mucho tener en la mano estas respuestas. Lo único que tengo claro tras
este primer grande de la temporada es que Roger Federer, el Dios del tenis o God-ger,
está de vuelta.
Muchos lo daban por acabado y decían que, tras el mal 2013
que tuvo, debía retirarse. Su tenis ya no daba para ganar a los mejores, su
físico por su edad estaba deteriorado y no aguantaba, había caído en el ránking
hasta el séptimo puesto, se clasificó in extremis a la Copa de Maestros y ya había
perdido con rivales de muy inferior nivel, algo que antes no ocurría. Esta era
la opinión de muchos iluminados por linternas de baja intensidad. Federer, como
ya ha hecho en más de una ocasión, les ha vuelto a callar la boca.
El suizo se ha puesto de pie otra vez para resurgir de sus cenizas como el Ave
Fénix y rugir a los cuatro vientos. No muchos le esperaban pero él siempre estuvo, siempre fue una opción. Se preparó a conciencia
durante la pretemporada para llegar en perfectas condiciones a Australia,
sabiendo que aún le pueden quedar algunos años de tenis y que volver a ganar un Grand Slam no es
una quimera.
Desde la sombra y como tapado, sin hacer mucho ruido ha ido
avanzando rondas. Todas superadas con una gran comodidad. En octavos tuvo la
primera piedra de toque con Tsonga frente a frente. No hubo dudas, un gran
Roger ganó sin problemas y se presentó en cuartos ante Andy Murray. El choque
iba a marcar en cierta medida el verdadero nivel del suizo y si de verdad
podría soñar con volver a levantar un grande. La conclusión es clara: Sí. Debió
ganar en tres mangas, pero se complicó y tuvo que hacerlo en cuatro, pero
Federer dio otra clase de tenis y demostró que se encuentra en perfecto estado
físico y mental.
Precisamente, esto último tendrá mucho que decir en su partido
contra Nadal. Federer debe abstraerse de sus derrotas con el español y ser
agresivo como hasta ahora. Tendrá mucho ganado si lo consigue porque pienso
que, salvo en tierra, todos los encuentros con el español al otro lado de la
red dependen siempre del nivel del helvético.
Desde que cuenta con Stefan Edberg como entrenador, Federer
ha cambiado en parte su sistema de juego y se va mucho más para la red.
Aprovechar su buena mano para las voleas con el fin de acortar los puntos y
desgastarse menos está siendo una gran idea. En Wimbledon todavía será más
mortífero ese juego. Para cualquier otro tenista, con todo lo que ya ha ganado
Roger, lo más fácil hubiera sido optar por una retirada o acabar jugando por
jugar hasta hundirse más en el ránking. Sin embargo, Federer tiene hambre para
más, algo que hace que lo admire todavía más.
Tengo 25 años y llevo viendo
tenis conscientemente desde finales de los 90. Es difícil comparar épocas, pero
por Grand Slam conseguidos y por los partidos que ha hecho, creo que no me
equivoco si digo que es el mejor tenista de la historia. Elegancia, magia,
clase, señorío, puntos inolvidables, golpes para coleccionar y unos movimientos
propios de un bailarín en una pista de tenis. Todo ello engloba lo que es un
deportista de leyenda. Para mí, el mejor de todas las disciplinas y soy un afortunado de haber
vivido su época y de haberlo visto jugar. Todos lo somos.
Ojalá no se retire
nunca, pero sabemos que algún día llegará ese momento, donde el tenis quedará
huérfano. Mientras tanto, aprovechemos cada uno de sus partidos para seguir
disfrutando de su magia. Llegó el momento de que Roger continúe escribiendo y
agrandando con letras doradas su leyenda. Lo consiga o no en Melbourne, a buen seguro que trabajará más para lograrlo más adelante. Gracias por todo, maestro.



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