La grandeza del tenis es algo indescriptible, pero si hay
dos hombres que han atisbado su perfección formal, esos dos hombres son Roger
Federer y Rafa Nadal. Una rivalidad de otra época, forjada a base una
superación promovida por la constante fricción en la que entraban sus talentos,
en duelos celebrados ante miles de testigos reunidos en los más pintados
escenarios.
32 veces han medido sus fuerzas, con apenas una decena de
triunfos del helvético. En diez ocasiones el cruce ha tenido lugar en Grand
Slam: dos en semifinales y ocho en la final. Hasta cuatro veces cerró Nadal la
puerta de la gloria parisina para Federer, que en las dos primeras ocasiones
encontró pronta venganza en la hierba de Wimbledon. Sucumbió a la tercera,
asistiendo en primera fila a la proclamación de Nadal como jugador soberbio
también lejos de la arcilla; de igual forma que presenciaría desde el otro lado
de la red a la consecución del primer grande del balear en pista dura, datado
en 2009 y ubicado precisamente en Melbourne.
Para encontrar las primera de las dos semifinales
precedentes hay que viajar casi una década. Concretamente, a 2005, cuando Rafa
evitó que Roger accediera a su primera final de Roland Garros. Mucho más cerca
queda la segunda, celebrada hace dos años en Australia, donde el balear selló
el pase hacia su segunda final en el primer grande del año.
La historia es claramente favorable a Nadal, que con sus
victorias ha impedido que la leyenda de Roger Federer creciera de forma
desmedida. Ambos se hicieron mutuamente mejores, y con el suizo rejuvenecido de
la mano de Stefan Edberg, vuelven a medir su nivel con el pase a la final de
Australia como acicate.
Para Roger, significaría despojarse por completo de las pesadillas
de 2013, primer año en una década en el que no compareció en ninguna final de
Grand Slam. Para Nadal, es el único de los cuatro en el que no ha repetido
trofeo; por lo que le separan dos victorias de una marca que no posee ni el propio Federer.
Como guinda, el evidente cambio en el patrón de juego del
helvético desde su asociación con Edberg propiciará un encuentro distinto, sin
nada que ver con los 32 anteriores. Que dos jugadores históricos vayan a verse
las caras por 33ª vez sin un pronóstico claro ejemplifica de forma cuasi
perfecta la grandeza del tenis.


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