23 enero, 2014

Un Nadal-Federer diferente




La grandeza del tenis es algo indescriptible, pero si hay dos hombres que han atisbado su perfección formal, esos dos hombres son Roger Federer y Rafa Nadal. Una rivalidad de otra época, forjada a base una superación promovida por la constante fricción en la que entraban sus talentos, en duelos celebrados ante miles de testigos reunidos en los más pintados escenarios.

32 veces han medido sus fuerzas, con apenas una decena de triunfos del helvético. En diez ocasiones el cruce ha tenido lugar en Grand Slam: dos en semifinales y ocho en la final. Hasta cuatro veces cerró Nadal la puerta de la gloria parisina para Federer, que en las dos primeras ocasiones encontró pronta venganza en la hierba de Wimbledon. Sucumbió a la tercera, asistiendo en primera fila a la proclamación de Nadal como jugador soberbio también lejos de la arcilla; de igual forma que presenciaría desde el otro lado de la red a la consecución del primer grande del balear en pista dura, datado en 2009 y ubicado precisamente en Melbourne.

Para encontrar las primera de las dos semifinales precedentes hay que viajar casi una década. Concretamente, a 2005, cuando Rafa evitó que Roger accediera a su primera final de Roland Garros. Mucho más cerca queda la segunda, celebrada hace dos años en Australia, donde el balear selló el pase hacia su segunda final en el primer grande del año.

La historia es claramente favorable a Nadal, que con sus victorias ha impedido que la leyenda de Roger Federer creciera de forma desmedida. Ambos se hicieron mutuamente mejores, y con el suizo rejuvenecido de la mano de Stefan Edberg, vuelven a medir su nivel con el pase a la final de Australia como acicate.

Para Roger, significaría despojarse por completo de las pesadillas de 2013, primer año en una década en el que no compareció en ninguna final de Grand Slam. Para Nadal, es el único de los cuatro en el que no ha repetido trofeo; por lo que le separan dos victorias de una marca que no posee ni el propio Federer.

Como guinda, el evidente cambio en el patrón de juego del helvético desde su asociación con Edberg propiciará un encuentro distinto, sin nada que ver con los 32 anteriores. Que dos jugadores históricos vayan a verse las caras por 33ª vez sin un pronóstico claro ejemplifica de forma cuasi perfecta la grandeza del tenis.

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