11 enero, 2014

La eñe vuelve a la WTA: Garbiñe Muguruza





Ha pasado más de una década desde la última vez que la palabra España se dejó ver en el ‘top ten’ del ránking femenino del tenis mundial. Durante los años 90, Arantxa Sánchez-Vicario y Conchita Martínez se convirtieron en asiduas de dicha zona noble, pero sus retiradas a comienzos de siglo dejaron huérfano al tenis nacional en lo que a féminas se refiere.

Desde entonces, mujeres como Magüi Serna, Anabel Medina, María José Martínez, y más recientemente Carla Suárez, han logrado asomarse entre las 20 primeras raquetas mundiales. Hasta ahí. La 16º posición alcanzada por Anabel ha sido el techo para las españolas en la clasificación mundial de individuales. No así en dobles, donde el enorme éxito de Vivi Ruano minimizó el impacto que provocó la retirada de las dos heroínas del tenis patrio.

La tendencia se está invirtiendo, claramente. Una nueva hornada de talentosas mujeres amenaza desde hace unos años con devolver el nombre de España a lo más alto del escalafón mundial. Lara Arruabarrena fue la primera en irrumpir en la escena mediática con su título en Bogotá 2012. Tita Torró se ha consolidado en el pasado 2013 como promesa de futuro. Por detrás, Sara Sorribes se postula como cabeza visible de una nueva hornada en la que destacan nombres como Miriam Civera o la jovencísima Paula Arias.

Tenistas que prometen numerosas y variadas alegrías para la hinchada española, pero que amenazan con quedar en segundo plano ante la irrupción de Garbiñe Muguruza, la tenista que está llamada a liderar la segunda época dorada del tenis femenino español.

De sangre vasca y pasaporte venezolano, mientras deshoja la margarita de la Copa Federación no cesa de dar motivos para el optimismo. El motivo es bien sencillo. No solamente posee una calidad tenística equiparable a la de Anabel o Carla; sino que, además, su privilegiado físico le permite competir en igualdad de condiciones con las grandes tenistas de un circuito en el que la masa muscular ha ido creciendo en importancia de forma exponencial. Además, se mueve como pez en el agua en pista dura, la superficie por excelencia del tenis moderno, y en muchas ocasiones el gran lastre de sus predecesoras, auténticas ‘terrícolas’ lastradas por la escasa importancia del polvo de ladrillo en la perspectiva anual del ránking.

Historia es su lesión de tobillo. Un tercio de temporada en blanco no ha sido capaz de hacer mella en el ánimo de Garbiñe, que ha aprovechado el tiempo para preparar un 2014 que encara con la prepotencia necesaria de quien se sabe capaz de aspirar a mucho, combinada con la humildad requerida para no venirse abajo al primer traspiés.

Seis meses sin jugar un torneo (desde la derrota en segunda ronda de Wimbledon frente a Ekaterina Makarova) no han sido óbice para la temprana recuperación de sensaciones en los albores de la nueva temporada. Auckland actuó como toma de contacto, y la contundente derrota sufrida en cuartos a manos de Venus Williams podría fácilmente haber plagado de dudas la cabeza de la tenista residente en Barcelona.

Pero el tenis es caprichoso, y las casualidades lo son sólo hasta cierto punto. Por eso, cuando Garbiñe aterrizó en la localidad australiana de Hobart, lo hizo con un nítido recuerdo en su cabeza: el del torneo de dobles conquistado un año atrás junto a la mencionada Torró; el único que adornaba, hasta la fecha, sus vitrinas.



No obstante, ni el más bonito recuerdo podía privarla de la trampa de la fase previa, caramelo envenado para una mujer perfectamente consciente de pertenecer a los cuadros principales. Lejos de dejarse invadir por los nervios, resolvió los tres trámites con increíble contundencia, con un escalofriante parcial de 36-7 en juegos.

Asomada la cabeza, llegaba el turno de cincelar su leyenda bajo focos más luminosos. La belga An-Sophie Mestach ejerció de testimonial rival de primera ronda; y la también belga Yanina Wickmayer le abrió el camino de los cuartos de final al optar por la retirada tras el apabullante comienzo de partido por parte de ‘Garbi’.

En la antepenúltima ronda, sometió a Kirsten Flipkens para convertirse en la archienemiga del tenis femenino belga; citándose en duelo fratricida con la sevillana Estrella Cabeza. Garbiñe tampoco conoció la piedad ante su compatriota que, desbordada ante el poderío de la vasca, apenas pudo evitar la ‘bicicleta’ con el juego del honor.

De esta forma, en su segundo torneo tras un parón de medio año, la hispano-venezolana se plantaba en una final, al más puro estilo Nadal. La primera final individual de su vida en la WTA. Enfrente, Klara Zakopalova. Poco importaba el nombre de la rival. Muguruza iba desbocada hacia el título, y la checa no fue sino mero testigo del nacimiento de una leyenda. 6-4 y 6-0 fueron el resultado con el que la tenista española inauguró un palmarés que promete engordar de forma mórbida a lo largo de los próximos años.

La WTA tiene nuevo ángel. Y para pronunciar su nombre, el mundo del tenis femenino va a tener que aprender a pronunciar la eñe. Así, de paso, podrán aprender a pronunciar ‘Es-pa-ña’, por si acaso se les ha olvidado. Por cierto: Garbiñe Muguruza tiene 20 años.

1 comentario :

  1. Aun no he tenido el placer de verla jugar, en cuanto pueda hacerlo veré si la información dicha es verídica je!

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