Ha pasado más de una década desde la última vez que la
palabra España se dejó ver en el ‘top ten’ del ránking femenino del tenis
mundial. Durante los años 90, Arantxa Sánchez-Vicario y Conchita Martínez se
convirtieron en asiduas de dicha zona noble, pero sus retiradas a comienzos de
siglo dejaron huérfano al tenis nacional en lo que a féminas se refiere.
Desde entonces, mujeres como Magüi Serna, Anabel Medina,
María José Martínez, y más recientemente Carla Suárez, han logrado asomarse
entre las 20 primeras raquetas mundiales. Hasta ahí. La 16º posición alcanzada
por Anabel ha sido el techo para las españolas en la clasificación mundial de
individuales. No así en dobles, donde el enorme éxito de Vivi Ruano minimizó el
impacto que provocó la retirada de las dos heroínas del tenis patrio.
La tendencia se está invirtiendo, claramente. Una nueva hornada
de talentosas mujeres amenaza desde hace unos años con devolver el nombre de
España a lo más alto del escalafón mundial. Lara Arruabarrena fue la primera en
irrumpir en la escena mediática con su título en Bogotá 2012. Tita Torró se ha
consolidado en el pasado 2013 como promesa de futuro. Por detrás, Sara Sorribes
se postula como cabeza visible de una nueva hornada en la que destacan nombres
como Miriam Civera o la jovencísima Paula Arias.
Tenistas que prometen numerosas y variadas alegrías
para la hinchada española, pero que amenazan con quedar en segundo plano ante
la irrupción de Garbiñe Muguruza, la tenista que está llamada a liderar la
segunda época dorada del tenis femenino español.
De sangre vasca y pasaporte venezolano, mientras deshoja la
margarita de la Copa Federación no cesa de dar motivos para el optimismo. El
motivo es bien sencillo. No solamente posee una calidad tenística equiparable a
la de Anabel o Carla; sino que, además, su privilegiado físico le permite
competir en igualdad de condiciones con las grandes tenistas de un circuito en
el que la masa muscular ha ido creciendo en importancia de forma exponencial.
Además, se mueve como pez en el agua en pista dura, la superficie por
excelencia del tenis moderno, y en muchas ocasiones el gran lastre de sus
predecesoras, auténticas ‘terrícolas’ lastradas por la escasa importancia del
polvo de ladrillo en la perspectiva anual del ránking.
Historia es su lesión de tobillo. Un tercio de temporada en
blanco no ha sido capaz de hacer mella en el ánimo de Garbiñe, que ha
aprovechado el tiempo para preparar un 2014 que encara con la prepotencia
necesaria de quien se sabe capaz de aspirar a mucho, combinada con la humildad
requerida para no venirse abajo al primer traspiés.
Seis meses sin jugar un torneo (desde la derrota en segunda
ronda de Wimbledon frente a Ekaterina Makarova) no han sido óbice para la
temprana recuperación de sensaciones en los albores de la nueva temporada.
Auckland actuó como toma de contacto, y la contundente derrota sufrida en
cuartos a manos de Venus Williams podría fácilmente haber plagado de dudas la
cabeza de la tenista residente en Barcelona.
Pero el tenis es caprichoso, y las casualidades lo son sólo
hasta cierto punto. Por eso, cuando Garbiñe aterrizó en la localidad
australiana de Hobart, lo hizo con un nítido recuerdo en su cabeza: el del
torneo de dobles conquistado un año atrás junto a la mencionada Torró; el único
que adornaba, hasta la fecha, sus vitrinas.
No obstante, ni el más bonito recuerdo podía privarla de la
trampa de la fase previa, caramelo envenado para una mujer perfectamente consciente
de pertenecer a los cuadros principales. Lejos de dejarse invadir por los
nervios, resolvió los tres trámites con increíble contundencia, con un
escalofriante parcial de 36-7 en juegos.
Asomada la cabeza, llegaba el turno de cincelar su leyenda
bajo focos más luminosos. La belga An-Sophie Mestach ejerció de testimonial
rival de primera ronda; y la también belga Yanina Wickmayer le abrió el camino
de los cuartos de final al optar por la retirada tras el apabullante comienzo
de partido por parte de ‘Garbi’.
En la antepenúltima ronda, sometió a Kirsten Flipkens para
convertirse en la archienemiga del tenis femenino belga; citándose en
duelo fratricida con la sevillana Estrella Cabeza. Garbiñe tampoco conoció la
piedad ante su compatriota que, desbordada ante el poderío de la vasca, apenas pudo
evitar la ‘bicicleta’ con el juego del honor.
De esta forma, en su segundo torneo tras un parón de medio
año, la hispano-venezolana se plantaba en una final, al más puro estilo Nadal.
La primera final individual de su vida en la WTA. Enfrente, Klara Zakopalova.
Poco importaba el nombre de la rival. Muguruza iba desbocada hacia el título, y
la checa no fue sino mero testigo del nacimiento de una leyenda. 6-4 y 6-0
fueron el resultado con el que la tenista española inauguró un palmarés que
promete engordar de forma mórbida a lo largo de los próximos años.
La WTA tiene nuevo ángel. Y para pronunciar su nombre, el
mundo del tenis femenino va a tener que aprender a pronunciar la eñe. Así, de
paso, podrán aprender a pronunciar ‘Es-pa-ña’, por si acaso se les ha olvidado.
Por cierto: Garbiñe Muguruza tiene 20 años.


Aun no he tenido el placer de verla jugar, en cuanto pueda hacerlo veré si la información dicha es verídica je!
ResponderEliminar¡ Seguimos Online!